Recientemente, las pedagogas María Ortega Alpañes y Ana Gallego López publicaron un artículo titulado “¿Cómo aprendemos? Estos son los modelos y estilos de aprendizaje”. Allí mencionaban cómo la ciencia nos ha ayudado a comprender la forma en que los seres humanos aprenden, lo lento que se incorporan estos hallazgos en las aulas de clase y además compartían la siguiente gráfica:

Cómo aprendemos

Tasas de retención del conocimiento en función de la actividad del alumno (van Dam 2004)

Esta pirámide data del año 2004, en el cual Nick Van Dam, reconocido consultor, investigador y conferencista, describió las tasas de retención de un alumno en función de su participación. Según lo postulado en su libro The e-Learning Fieldbook, estamos en capacidad para retener tan solo el 10% de lo que leemos, pero el porcentaje aumenta a medida que la persona se involucra más activamente.

Bajo esta premisa, es posible ubicar algunos modelos, tendencias y metodologías que cada vez más involucran el sentir y el hacer como factores que contribuyen a mejorar y fortalecer los procesos de enseñanza y aprendizaje. Estos son algunos de ellos:

 

  • Visual Thinking[1]

Metodología por la cual se busca expresar ideas o conceptos a través de imágenes y dibujos.

Telefónica Educación Digital, en su reportaje titulado “‘Visual thinking’: una imagen, más que mil palabras” destaca el éxito de este modelo en las aulas de clase a raíz de factores fisiológicos como el hecho de que ‘el 80% de nuestro cerebro es visual’ y que asimilamos más rápido y fácil el lenguaje visual que el oral o escrito.

  • Aprendizaje basado en proyectos[2]

Juan Francisco Álvarez, Doctor en Tecnología educativa, lo describe como una metodología activa en la cual el estudiante no es limitado a oír una clase magistral, sino más bien motivado a discutir, aplicar, ensayar, investigar, recopilar información, debatir, probar… a fin de aprender algo nuevo y asimilar ese conocimiento.

“Todas estas estrategias de enseñanza y aprendizaje establecen una diferencia con respecto a la enseñanza directa o tradicional, porque entre otras cosas: el conocimiento no es una posesión del docente que deba ser transmitido a los estudiantes (…) y el papel del estudiante no se limita a la escucha activa (…)”

  • Learning by doing

O enseñanza orientada a la acción. “Se trata de un modelo en el que, mediante dinámicas y simulaciones, se construyen metáforas de la vida real y gracias al profesor, quien en la práctica construye el aprendizaje junto al alumno (Borgnakke 2004), el estudiante extrae sus propios conocimientos de forma reflexiva (…), participativa (…) práctica (…), estimulante (…) y flexible (…).”[3]

 

Estas y otras metodologías han venido resignificado el papel del docente y el estudiante en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Atrás van quedando las clases magistrales y ahora se concibe al estudiante como un actor participativo que desempeña un rol más allá de recibir, acumular y recitar información, y al docente como un facilitador, orientador de los procesos educativos y que aprende, por qué no, a la par de sus alumnos.

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Referencias

[1] Reportaje “Visual thinking’: una imagen, más que mil palabras”. Telefónica Educación Digital, 2018.

[2] Informe ODITE sobre tendencias educativas. Número 1, época 2, mayo de 2018, Barcelona.

ISSN 2604 – 3513.

[3] Estudio comparativo entre una metodología de aprendizaje tradicional respecto a una metodología de aprendizaje basada en el “learning by doing” para la consecución de competencias específicas. REVISTA UPO INNOVA, VOL. I – Pág 3.